Si la lucha entre capital y trabajo es el motor de la historia, para quienes peleamos por construir un mundo mรกs justo resulta necesario delimitar claramente las contradicciones. Asumir al enemigo. Si creemos en la soberanรญa polรญtica y en la independencia econรณmica, urge entender quiรฉnes se llevan nuestras riquezas y cuรกn dependientes somos de las gigantes tecnolรณgicas extranjeras.
El mundo cambiรณ y la contradicciรณn principal de quienes peleamos por la democratizaciรณn de la comunicaciรณn ya no es con los grandes grupos nacionales, que durante tantos aรฑos sostuvieron las riendas del esquema de concentraciรณn local, sino contra actores mรกs poderosos, trasnacionales y diversificados, asentados en paraรญsos fiscales y que inciden diariamente en nuestros consumos culturales, la informaciรณn a la que accedemos o la forma en que usamos nuestro tiempo libre: las plataformas de redes sociales.
Este nuevo ecosistema mediรกtico y de circulaciรณn de informaciรณn ha trastocado para siempre la manera en que se hace periodismo. A la situaciรณn de pluriempleo, precarizaciรณn y achicamiento de las redacciones, se le suma ahora otro elemento clave; la deslocalizaciรณn de la relaciรณn patronal. Cooperativas de medios, influencers y medios locales privados derraman el sudor de su frente para que la biyuya se la lleven los Elon Musk de la vida. Plusvalรญa transnacionalizada, informal y de opaca circulaciรณn. Muy reacia y reaccionaria a que los Estados naciรณn les pongan algรบn tipo de lรญmite.
Para muestra un botรณn: desde la decisiรณn de X de negarse a aceptar las disposiciones de la justicia brasileรฑa al etiquetado que realiza esa misma empresa a periodistas como โafiliados al gobierno de Rusiaโ. Incluso la reciente acusaciรณn del primer ministro britรกnico, Keir Stramer, quiรฉn seรฑalรณ el papel protagรณnico de estas plataformas en la difusiรณn de contenido racista y supremacista que concluyรณ en escenas de violencia callejera. โLa violencia y el caos que hemos visto y que fue claramente orquestado por las redes sociales, es un delito. Y este delito estรก sucediendo en sus moradas. La ley se debe cumplir en todas partesโ, seรฑalรณ el laborista.
ยฟQuรฉ te pasa, Clarรญn, estรกs nervioso?
No somos solo las cooperativas de medios. Los grupos nacionales tambiรฉn pierden espacio frente al avance de las plataformas: la publicidad va para redes sociales y el prime time ya no es el que pone la TV sino el streaming. Los grandes medios argentinos retroceden ante la decisiรณn del gobierno de tercerizar en organismos descentralizados el reparto de pauta publicitaria y desfinanciar empresas para solventar twitteros.
Lejos de contribuir a una visiรณn apocalรญptica de las tecnologรญas, nos vemos en la necesidad de advertir que para montar la actual plaza pรบblica virtual, de efรญmera y restringida participaciรณn, las plataformas han inducido una problemรกtica metamorfosis para el ejercicio del periodismo.
En materia econรณmica, estas empresas centralizan los ingresos por publicidad, generan ganancias a partir de la utilizaciรณn de nuestro contenido, nos cobran para โaumentar su circulaciรณnโ y establecen criterios de monetizaciรณn ridรญculamente magros para los productores y con condiciones que muchas veces conspiran contra nuestros medios (clickbait mata calidad de informaciรณn).
En materia de contenido, han modificado y monopolizado las formas de consumo de informaciรณn, al punto que hoy parece inimaginable tener un medio de comunicaciรณn por fuera de la lรณgica de las redes sociales. A travรฉs de sus polรญticas de moderaciรณn de contenido -por demรกs opacas e inaccesibles ejercen poder, moderan e inciden en la discusiรณn pรบblica, ponderan la circulaciรณn de ciertos contenidos sobre otros y sancionan las cuentas que infringen sus normas internas, sin tener la posibilidad de conocer las reglas del juego.
En el relevamiento de la Red de Medios Digitales de 2024 consultamos a 73 medios si habรญan sufrido consecuencias de las polรญticas de moderaciรณn privada de contenido de las plataformas de redes sociales (Instagram, X, Facebook y Youtube). Para el 48% la respuesta fue afirmativa. De ese porcentaje, un 91% indicรณ haber sufrido invisibilizaciรณn o shadowban de su perfil, al 37% le removieron o eliminaron contenido, al 28% le suspendieron el uso de la cuenta, mientras que al 8,5% le eliminaron la cuenta.
Sin tener puerta a donde reclamar, se nos agrega una dificultad mรกs: el contenido de nuestras agendas compite diariamente con reels de gatitos, placas de โsรฉ tu propio jefeโ o posteos de auto superaciรณn y estafas piramidales con criptomonedas. Se le suma, para peor, el impacto supremo de las polรญticas de reducciรณn del alcance de las pรกginas con โcontenido polรญticoโ o la sobreabundancia de perfiles falsos que orientan la conversaciรณn pรบblica.
Urge que los decisores de nuestro paรญs (y de la regiรณn) tomen cartas en el asunto y avancen de manera frontal en esquemas regulatorios que ponderen el rol del Estado y la adecuaciรณn de las empresas a estรกndares de Derechos Humanos y libertad de expresiรณn. Sino, dentro de poco, puede ser demasiado tarde.
*Por Yair Cybel y Bianca de Toni, integrantes de la Red de Medios Digitales.
Esta nota fue realizada para el dossier Regulaciรณn de la Plataformas Digitales, elaborado por el Sindicato de Prensa de Buenos Aires. A travรฉs del mismo buscan discutir la situaciรณn del periodismo y la defensa de derechos frente a estas plataformas que alientan los discursos de odio y la desinformaciรณn gracias a la falta de regulaciรณn.