
La identidad argentina admite y transporta una gran cantidad de refranes. En ese vagรณn de dichos y trabalenguas, uno de los tantos asegura que โla sangre es mรกs espesa que el aguaโ, es decir que los lazos sanguรญneos siempre llevarรกn consigo un peso mayor a cualquier otro vรญnculo.
Si hay una espalda en la aristocracia del siglo XX que conoce bien la presiรณn de la herencia esa fue Silvina Ocampo, de segundo nombre Inocencia, quizรก por ser la menor de las hijas de Manuel Silvio Cecilio Ocampo y Ramona Aguirre Herrera. โSylvetteโ, como mรกs tarde la bautizarรญa Alejandra Pizarnik, debiรณ exorcizar la memoria de su hermana mayor, Victoria, antes de poder ascender a los cielos de los nombres propios.
Soy todo, pero nada es mรญo
Silvina Ocampo naciรณ el 28 de julio de 1903 como el pimpollo mรกs fresco de un รกrbol genealรณgico que parecรญa haber alcanzado su floraciรณn mรกs exquisita al primer intento. En el seno de aquella familia aristรณcrata creciรณ en compaรฑรญa de cinco hermanas: Victoria, Angรฉlica, Francisca, Rosa y Clara Marรญa.
Gracias a la posiciรณn privilegiada de sus padres y a la costumbre de la รฉlite cultural argentina de pulular en su hogar, logrรณ acercarse a mรบltiples disciplinas artรญsticas como el dibujo y la pintura. Sin embargo, y a pesar de venir de una estirpe numerosa, la joven Silvina pasaba gran parte de su tiempo en los patios con los sirvientes o sola debajo de un รกrbol. Era tal la estrechez de sus lazos con el personal domรฉstico que cuando Victoria se casรณ y decidiรณ llevar consigo a Francia a la niรฑera de Silvina, Fanni, esta jamรกs pudo perdonรกrselo.
En el libro La hermana menor, escrito por Mariana Enrรญquez, la autora acompaรฑa la vida de Silvina casi como si fuera una hormiga montada en su zapato de cuero fino, la comprende, la deja fluir por sus pรกginas cual eco de una mente temblorosa y apabullante. Paradรณjicamente, tiempo atrรกs, parada en su jardรญn, la poeta dirรญa que โsi las hormigas pensaran, se suicidarรญanโ. Es que Silvina, escritora, poeta y cuentista sabรญa causar impresiones, un capricho que aรบn tres dรฉcadas despuรฉs mantiene mรกs vivo que nunca.
A la perpetua sombra de un coloso como lo era Victoria, los tรญtulos de escritora,โ intelectual, ensayista, traductora, editora, filรกntropa y amiga รญntima de criaturas como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Federico Garcรญa Lorca, Ernesto Sรกbato y Virginia Woolf humillarรญan el prontuario profesional de cualquier contrincante. Pero Silvina, opuesta a lo que el pรบblico ha creรญdo, supo prosperar en la penumbra y la libertad de ser la รบltima de las Ocampo.
Reinar por espanto
Lo cierto es que Silvina no gozaba de la personalidad sociable y cortรฉs que se esperaba de una mujer de San Isidro, era mรกs bien todo lo contrario. No le gustaba que la fotografiaran, aunque sรญ hay un gran registro fotogrรกfico de su paso por la juventud, con su aura de musa europea, las perlas, los ojos claros. Mรกs tarde en su vida preferirรญa la ropa de hombre y las pocas joyas en composรฉ con las poses rotas, desencajadas para evitar que el lente encuentre su rostro y, una vez mรกs, la haga chocar con la anatomรญa de la que tanto renegaba.
A sus amistades les proponรญa el juego de gato y ratรณn, no acudรญa a las citas acordadas y no respondรญa la puerta. Le encantaba hablar por telรฉfono, habรญa aprendido a amar a los gatos y escribรญa un centenar de cartas que firmaba como โSinโ, es decir โpecadoโ en inglรฉs. Su marido, el escritor Adolfo Bioy Casares, la describรญa con todos los sinรณnimos de โraraโ que se le ocurrรญan, pero tal como tantas personas en su vida, โAdolfitoโ, como ella lo llamaba, se divertรญa dejรกndose atrapar por la naturaleza laberรญntica de su esposa.
โSilvina escribรญa como nadie en el sentido de que no se parece a nada de lo escrito y creo que no recibiรณ influencias de ningรบn escritor. Su obra parece como si se hubiera influido a sรญ mismaโ, dijo en alguna ocasiรณn.
Los cuentos de Silvina acarrean un tenor de oscuridad, el cual aparece tras la fusiรณn de elementos del surrealismo con lo fantรกstico y lo cotidiano. Aunque en varias ocasiones negรณ haber recabado estos hechos de su propia experiencia, se cree que fue partรญcipe de situaciones turbulentas por parte del personal de Villa Ocampo, la casa donde creciรณ. En 1937 publicรณ su primer libro de cuentos, Viaje olvidado, y su hermana mayor le reprochรณ haber mancillado y distorsionado los recuerdos de su infancia.
Me duele todo (no me dolerรญa si me tocaras)
Quienes mantenรญan una relaciรณn cercana con la poeta, seรฑalaron que parecรญa verlo todo a travรฉs โde una bola de cristalโ. Se habรญa popularizado el rumor de que Silvina contaba con dones de videncia, y esto, sin duda, completรณ la รบltima grilla de una construcciรณn de personaje que la inmortalizรณ como cautivadora e incomprensible.
Entre tantas almas que arrebatรณ y mantuvo en su tocador junto a las alhajas familiares, la pena mรกs pronunciada siempre serรก la de Alejandra Pizarnik, poeta, ensayista y traductora argentina. La verdad detrรกs de la amistad entre estas dos niรฑas prodigio continรบa siendo un misterio.
Las correspondencia que intercambiaban, la cual era entusiasta y explรญcita por parte de Alejandra, dejaba entrever las luces de un amor que alumbraba como un faro del lado de Pizarnik y apenas como una cerilla de la vereda de Silvina.
El รบltimo correo que recibiรณ el buzรณn de la menor de las Ocampo, previo al suicido de Pizarnik, es la declaraciรณn mรกs desoladora jamรกs escrita: โSilvine, mi vida (en el sentido literal), le escribรญ a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atrevรญ a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo sin fondoโ.
Silvina falleciรณ el 14 de diciembre de 1993, a los 90 aรฑos de edad, luego de que el alzhรฉimer barriera, poco a poco, con esa mujer extravagante que hechizรณ a toda la alta sociedad del siglo pasado. Su obra aรบn despierta las emociones aletargadas de quienes eligen permanecer lejos de los candiles, como un helecho con manos largas, regadas de semillas. โSi tengo un corazรณn es para que ardaโ, exclama su poema โActo de Contriciรณnโ. No estรก abierto para discusiรณn que el latido de Silvina seguirรก sonando, maravilloso e inquebrantable, como el delator escrito por Poe.