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El 16 de marzo de 2014, en medio del caos social y político luego del golpe de Estado al presidente constitucional Víktor Yanukovich, se celebró el referéndum en Crimea por el cual sus propios ciudadanos decidieron integrarse a Rusia. La disolución de la URSS, el Euromaidan, el referéndum, los Acuerdos de Minsk y la avanzada de la OTAN a principios de 2022, son algunos de los hechos con los cuales se puede explicar el escenario bélico actual.
El Euromaidan y el referéndum
En el año 2014 y al calor de un gobierno muy cuestionado, fuerzas pro occidentales realizaron un golpe de Estado al presidente en funciones, Víktor Yanukovich. El proceso de protestas callejeras en el cual se encuadró el derrocamiento fue denominado «Euromaidan», ya que fue alentado por espacios institucionales referenciados en el atlantismo como la Unión Europea, el G7 y la OTAN. A modo de contrarrestar la ofensiva occidental organizada desde Kiev, las regiones ucranianas del Donbass y Crimea se movilizaron en defensa de Yanukovich, muy popular en el este ortodoxo del país.
El proceso destitutivo en un marco de caos social y una espiral de violencia fue sucedido por un debate en la región de Crimea sobre la pertenencia a Ucrania. A propósito, Moscú responde a su situación de debilidad fortaleciendo los niveles de debate en esta zona estratégica ubicada sobre el Mar Negro. En consecuencia, el 11 de marzo de 2014 Crimea se declara un territorio autónomo del Estado ucraniano y a partir de allí organiza un referéndum para que su pueblo defina la integración a la Federación Rusa, a quien apoyaba política y culturalmente.
Si bien dicha convocatoria fue rechazada por Kiev por ser considerada inconstitucional, el proceso no fue detenido dado que la legislación internacional no prohíbe la secesión de un territorio autónomo. En efecto, el 16 de marzo Rusia cumple su cometido y Crimea ratifica su integración con un aplastante voto positivo superior al 95%. A continuación, Moscú acelera el lazo estratégico con el desarrollo de infraestructura, como la construcción del Puente Kerch uniendo a Crimea con su propio territorio. Kiev, subordinado a los intereses occidentales, despliega un plan de bloqueo que incluyó, entre otras cuestiones, el corte de la red de agua potable que abastecía a la región recién desanexada.
Créditos: Atlantic Council
La defensa de la Ucrania prorrusa
La disputa territorial y política por Crimea no puede explicarse sin considerar el plano cultural-estratégico de la situación. Resulta que la región de Crimea era una república autónoma para los tártaros, pero luego de la muerte de Stalin se firmó su pasaje de la república socialista soviética rusa a su homóloga Ucrania, en 1954. En términos culturales, el pueblo de Crimea se asemeja al ruso en relación a la estructuralidad de la Iglesia Ortodoxa. La lengua y la religión contribuyeron para la fundación y proyección de una identidad común, como supo sintetizar la Unión Soviética (URSS).
En este sentido, la estrategia de Moscú en el marco del Euromaidan fue en consonancia de una conciencia histórica. Recostándose sobre la población de las regiones del Donbass y Crimea, Putin desplegó Fuerzas Armadas Rusas sin insignias de identificación con el objetivo de proteger población civil, aunque Kiev y la OTAN lo denunciaron como una invasión de fuerzas regulares. De hecho, la población de estas regiones no solo se alzó en contra del nuevo gobierno nacionalista de Petró Poroshenko sino que se organizó para combatir a las fuerzas occidentales concentradas en Kiev.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) trabajó para restablecer la paz al este de Ucrania y supo construir, en 2014 y 2015, los Acuerdos de Minsk. El alto al fuego, el retiro de tropas y la ratificación soberana de Ucrania sobre los territorios de Lugansk y Donetsk fueron los principales ejes firmados por representantes rusos y ucranianos, con la iniciativa de Alemania y Francia. Sin embargo, las hostilidades no cesaron sino que recrudecieron, y hasta el inicio de la Operación Militar Especial por parte de Rusia, murieron 14.000 personas en la región.
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Un enfrentamiento estratégico
“Occidente nos engañó”, declaró Putin en relación al rechazo de occidente por alcanzar una solución pacífica a la situación en el Donbass luego del caótico escenario de 2014. Por el contrario, a partir de los Acuerdos de Minsk la OTAN aceleró el suministro de armamento a las fuerzas ucranianas. Sin embargo, las palabras del Jefe de Estado ruso expresan la superficie de un enfrentamiento estratégico que supera las fronteras y los intereses rusos y ucranianos.
El escenario puede remontarse a la propia disolución, en 1991, de la URSS por acuerdo entre la Casa Blanca y el Kremlin. Uno de los acuerdos que se firmaron en aquel entonces se basaba en el impedimento para la OTAN de avanzar sobre las fronteras de Rusia, pues sería considerado una amenaza a su integridad territorial. En efecto, el aumento de la actividad militar de este organismo fue utilizado por Moscú para no retroceder en sus posesiones y desplegar a sus propias tropas sobre la frontera de Ucrania en febrero de 2022, en la antesala de la invasión.
La pérdida de hegemonía norteamericana sobre los asuntos globales desde finales de la década del 90 y el paralelo ascenso de un esquema representado por naciones emergentes como los BRICS es el marco general que motiva la coyuntura actual. El enfrentamiento militar entre Rusia y Ucrania es, en rigor de verdad, una confrontación entre el unipolarismo financiero (y su brazo armado, la OTAN) y el multipolarismo eurasiático (sintetizado por Rusia, China y sus socios). Es justo interpretar los movimientos militares, económicos y geopolíticos desde una perspectiva de crisis internacional en la que dos esquemas profundizan su enfrentamiento.