El juicio por la Masacre de Wilde hizo oficial la condena a 7 de los 12 policías de la Brigada de Investigaciones de Lanús. Los efectivos fueron señalados como los autores de una cacería que buscaba eliminar a cuatro hombres con quienes coordinaban negocios ilegales. Sin embargo, algo salió mal y acabaron acribillando a personas que no tenían relación alguna con el plan. A casi 19 años del cuádruple homicidio que tuvo lugar el 11 de enero de 1994.
Según se dieron los hechos, el “ajuste de cuentas” fue el intento por recuperar cinco kilos de cocaína. Al parecer una de las víctimas se habría quedado con un cargamento que no le pertenecía. Entre las personas que perdieron la vida a causa de esta emboscada están el vendedor de libros Edgardo Cicutín y el remisero Norberto Corbo; Claudio Díaz salvó su vida de milagro. Además, el saldo de muertos incluye a Héctor Enrique Bielsa, colaborador de la policía, y Gustavo Pedro Mendoza, con antecedentes delictivos.
El plan (im)perfecto
Gracias a testimonios claves, como el del hijo de Bielsa, Cristian, se pudo esclarecer cómo se dio la persecución. De acuerdo con esta seguidilla de hechos, los dos autos que esperaban los policías partieron desde Santos Lugares. En el Peugeot 505 iban Corbo, al volante, junto a Bielsa y Mendoza; mientras que en el Dodge 1500 amarillo se encontraban el remisero Guillermo Correa en compañía de Fernando Quintana y Gustavo Leguizamón.
Quintana, Leguizamón, Bielsa y Mendoza eran el “blanco móvil” de los efectivos. Sin embargo, una cuestión escapó a la atención de los verdugos y acabaron marcando el Dodge 1500 en el que se hallaban Díaz y Cicutín. De este modo, en medio de lo que era un viaje de trabajo normal, el automóvil recibió al menos 36 disparos.
Tanto la Fiscalía como dos de las querellas determinaron que los policías salieron de la Brigada con el objetivo puesto en interceptar a los vehículos. Anteriormente ya habían realizado un trabajo de logística para recopilar datos sobre sus ocupantes.
El sistema policial, la banquillo
Otra de las declaraciones más importantes fue brindada por Carlos Alberto Ancharte, detenido en Olmos. El recluso dijo que Bielsa lo visitó mientras cumplía su condena y que le confesó que vendía cocaína para la Brigada de Lanús.
Como parte de su testimonio, Ancharte recalcó que ninguno de los cuatro involucrados portaban armas. “Bielsa no usaba armas, ahí los esperaron y los mataron a todos”, denunció. No obstante, no acaba allí. Ancharte también dijo que luego de que sucediera la masacre, el comisario Aníbal De Gastaldi lo visitó en la cárcel. Hoy, Gastaldi cumple prisión domiciliaria debido a las acusaciones de corrupción, pero en ese entonces era jefe de la Brigada de Quilmes.
En esta suerte de reunión, el jefe policial le aconsejó no hablar de Bielsa ante la Justicia. Antes de irse le aclaró que era una situación compleja porque con el caso de Wilde había “un quilombo bárbaro”.
La Masacre de Wilde, la Ley y la trampa
A su vez, se pudieron recuperar datos importantes gracias a escuchas telefónicas mediante teléfonos pinchados. En estas conversaciones se puede escuchar, entre otras voces, a Patricia, la hermana de Bielsa, quien se comunicó con su tío para manifestar su preocupación por el paradero de Héctor Enrique.
En la jerga policial se llama a este tipo de emboscada “ratoneras”. Sin embargo, las trampas para llegar a la verdad parecen nunca cesar. En el juicio celebrado en el Tribunal Oral N° 3 de Lomas de Zamora el abogado de Mendoza, Eduardo Félix Oscar Michaud, dio que hablar por su poca predisposición a señalar a los 7 policías en el banquillo de acusados.
En esta misma línea, el abogado no hizo expreso su pedido de condena para la figura legal que expuso, “homicidio simple”. Siempre, en cualquier juicio, la parte acusadora pide perpetua o los años de prisión que considera que deben aplicarse a los imputados. Michaud se desempeña como profesor en la Universidad de la Marina Mercante y en 2017 fue sancionado por problemas de “conducta” por el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal.